"Diplomacia perdida en la traducción: Las luchas (y sorprendentes habilidades) de los diplomáticos multilingües"

Los diplomáticos que trabajan en un segundo idioma se enfrentan a una serie de retos y peculiaridades propios de la profesión. Desde deslizarse accidentalmente a su lengua materna en mitad de una frase hasta reformular expresiones idiomáticas que no se traducen (mira tú, "llover a cántaros"), es un ejercicio interminable de gimnasia mental. He aquí algunas de las divertidas dificultades y ventajas ocultas que sólo los diplomáticos multilingües entenderán.

1. El cambio lingüístico accidental

¿Alguna vez ha empezado a hablar apasionadamente de política en inglés y se ha dado cuenta a mitad de camino de que había cambiado a su lengua materna? Sus colegas le miran con cara de asombro y asienten de forma confusa pero educada: "No tengo ni idea de lo que está diciendo, pero continúe, por favor". A todos nos ha pasado. Cambiar de idioma no es sólo un desliz, es un rito de iniciación.

2. Momentos Lost in Translation

La diplomacia exige a menudo "leer entre líneas", una tarea que ya es difícil en la primera lengua, ¡no digamos en la segunda! Piense en todas las expresiones idiomáticas, referencias culturales y pequeños matices que pueden desbaratar una conversación. Consejo profesional: evita decir "Es pan comido" en negociaciones tensas, a menos que quieras que tus colegas piensen que les estás ofreciendo postre.

3. El síndrome de "soy mucho más inteligente en mi lengua materna

Existe una frustración constante y de bajo nivel al saber que podrías pronunciar un discurso el doble de elocuente, ingenioso y encantador... si estuviera en tu lengua materna. Puede que lo domines perfectamente, pero esos 10 segundos de pausa mientras traduces mentalmente parecen una eternidad cuando estás pronunciando un discurso formal.

Consejo profesional para diplomáticos de segunda lengua: No te preocupes. Tus colegas internacionales comprenden (y a menudo se asombran) tus malabarismos lingüísticos. Asúmalo con orgullo. Imagínate lo impresionante que les parecerías si supieran lo bien que hablas español, árabe o mandarín.

4. Traducir su propio sentido del humor

El humor es una herramienta poderosa en la diplomacia, pero nada mata más rápido una broma que explicarla. Las bromas sarcásticas, las réplicas ingeniosas y las referencias culturales que funcionan en un idioma pueden fracasar en otro. ¿Ha intentado alguna vez traducir un juego de palabras a otro idioma? Es como ver cómo se desinfla un suflé.

5. Pensar más rápido de lo que se puede hablar

Algunos diplomáticos dominan el arte de pensar con varios segundos de antelación, filtrando cuidadosamente cada palabra antes de que salga de sus bocas. Otros se dejan llevar por el caos, traducen sobre la marcha y esperan que todo salga bien. En cualquier caso, el esfuerzo mental es intenso. Es como actuar en la cuerda floja leyendo un guión y reescribiéndolo a la vez.

La diplomacia no es sólo lo que se dice... es cómo se dice

Sin embargo, trabajar en una segunda lengua no es sólo cuestión de esfuerzo. Las investigaciones demuestran que el multilingüismo aumenta la flexibilidad cognitiva, lo que significa que los diplomáticos que dominan varias lenguas son más adaptables y resistentes, dos aptitudes de incalculable valor en las relaciones internacionales.

Así que la próxima vez que tropieces con una frase o respondas accidentalmente en tu lengua materna, recuerda: no eres sólo un diplomático; eres un superhéroe lingüístico. Y, por lo menos, tendrás toda una vida de anécdotas divertidas que compartir con otros políglotas en la mesa de negociaciones.

Reflexión final

Al fin y al cabo, la diplomacia consiste en conectar, comunicarse y encontrar puntos en común. A veces eso significa sonreír a pesar de los malentendidos, reírse de los lapsus lingüísticos y aceptar el hecho de que estás haciendo que funcione, incluso si el camino hacia el entendimiento es ocasionalmente (e hilarantemente) accidentado.

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